El primer día de clase el profesor
nos explicó en qué consistía la asignatura, los objetivos, contenidos, cómo se
iba a desarrollar, que teníamos que hacer… y todo ese rollo.
Después nos repartió a cada uno un folio con varios círculos repartidos en él. Nuestro trabajo consistía en usar la imaginación y la
creatividad para dibujar en ese folio lo que se nos ocurriera pero integrando
los círculos en nuestro dibujo. Estuve unos minutos pensando qué podía dibujar
con tantos círculos, hasta que di en la tecla.
¡No tenía círculos suficientes! Añadí algunos más, con unas bocas, unos
cuerpos, unos brazos y poquito de pelo… y les puse su nombre. Eso parecía un
desfile de Carnaval.
Está claro que lo que el profesor buscaba era ver nuestra creatividad,
nuestra facilidad para dibujar, cómo lo hacíamos… es decir, pretendía
conocernos por nuestros dibujos.
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